¿Ya me conseguiste papitos nuevos?

¿Habrá unos papitos nuevos para mí? ¿Querrá alguien llevarme a su casa y tenerme como hijo o como hija? Otros niños ya se fueron con papitos nuevos,¿ cuando me iré yo? ¿Cuántos papeles hacen falta para que me pueda ir? ¿Me querrán? ¿Y si algo nos les gusta de mi o de mi comportamiento? Sé que debo portarme bien, porque si no ¿me pueden devolver? ¿Me pegarán si me porto mal?

Estas son algunas de las preguntas y temores que pueden surgir en los niños y niñas de 3 a 8 años, que están esperando ser adoptados. Con ilusión aguardan la llegada del álbum de fotografías, que suele indicar que hay una familia que los quiere acoger. Algunos niños sueñan con quedar en un sitio cercano al de sus amigos, en Canadá, Estados Unidos, Francia o Suecia. Otros sencillamente desean contar con un hogar que los acompañe en los momentos difíciles y los promueva a seguir adelante dentro del respeto, el amor y la aceptación.

Al conocer los niños y niñas las primeras fotos de su nueva familia, se abre la puerta para empezar a concretar en la realidad el sueño, identifican que efectivamente una familia les permitirá ubicarse en el lugar de hijos amados y deseados. A medida que van pasando las páginas del álbum que elaboraron los padres adoptantes, los niños y niñas identifican a las personas que ellos nombrarán como papá, mamá, tía, abuelo o abuela, identifican su habitación, la distribución de la casa. Resulta emocionante para nosotros compartir este proceso de amor y esperanza, los pequeños y pequeñas muestran el álbum a sus cuidadores, amigos, adultos que son significativos, y con ilusión comparten lo que será su nueva vida. Todos nosotros emocionados igual que los chicos y chicas, les deseamos lo mejor, y los acompañamos en cada paso del proceso.

Posteriormente, poco a poco, los niños y niñas dibujan a su nueva familia, teniendo cuidado de abarcar a cada persona incluidos ellos mismos, las mascotas también hacen parte. Creamos una foto montaje de su nueva familia que tiene un apellido concreto y cambiamos el apellido que antes tenían los pequeños por el de la familia a la que ahora hacen parte. Cada niño ahora se nombra así mismo con el nuevo apellido, evento que despierta en sus caritas una sonrisa, una mirada que refleja seguridad y muchas posibilidades hacia el futuro y una actitud empoderada que permite evidenciar que se han superado situaciones que atrás resultaron difíciles y dolorosas.

La construcción del lazo afectivo con la nueva familia es un proceso que se va dando gradualmente. Los encuentros en la cámara web resultan conmovedores: padres, madres e hijos buscando identificar en el encuentro aquellos aspectos que comparten, las actividades que disfrutan y que podrán realizar juntos, el deseo de ser aceptados mutuamente, la ansiedad de conocer a quien se ha deseado y amado en la fantasía tanto tiempo, y el estremecimiento y la alegre conmoción de reconocerse mutuamente como “mi” hijo o hija o como “mi” mama o ”mi” papá.

Cabe señalar que padres y madres adoptantes han sido orientados previamente acerca de diversas formas de acompañar a sus pequeños en este proceso de cambio. Finalmente, llega el día en que padres, madres e hijos pueden abrazarse y besarse personalmente. Dentro del nerviosismo y las lagrimas de felicidad, juntos parten hacia la nueva convivencia, experiencias enriquecedoras que los harán mejores personas y en la que construirán- algunos con mayor facilidad que otros-, el hogar que tanto han añorado.

Mil gracias a todos los niños y niñas que me han permitido acompañarlos en este proceso tan significativo de sus vidas, y gracias a sus nuevas familias que se han permitido recorrer un camino de amor y crecimiento mutuo.

Sandra E. Trujillo Penagos

Psicóloga CRAN