Formación para la felicidad

Si entendemos la felicidad como un camino y no como una meta lejana a alcanzar, encontraremos que es totalmente posible ser felices y que esa felicidad depende únicamente de nosotros y de nuestra visión del mundo. Es totalmente lógico pensar que si ser felices debe convertirse en un compromiso de gran importancia para nuestro desarrollo individual entonces lo debe ser también dentro de la formación de nuestros hijos. Por esa razón, el objetivo de este artículo es servir como punto de reflexión acerca de las prioridades que tenemos a la hora de abordar la crianza de un hijo.

Cualquier persona podría pensar que educar un hijo feliz es consentirlo, darle todo lo que necesita y permitir que se desarrolle “libremente”; sin embargo la felicidad va mas allá de la emocionalidad primaria, del momento, se trata más de la vía por la cual le suministro a mis hijos las herramientas necesarias para afrontar los retos de la vida de manera adecuada. Buscar la felicidad de nuestros hijos no es atiborrarlos de regalos tratando de compensar el tiempo que no pasamos con ellos, por el contrario es dedicar tiempo suficiente a conocerlos, compartir sus intereses y generar un ambiente de confianza en el que el niño entienda la comprensión y la empatía a través del ejemplo.

Un niño/a feliz no es un niño que siempre sonría pero si uno que sea capaz de tolerar sus frustraciones, buscar nuevas metas y hacer lo posible por llegar a ellas. Que entienda que no todo se le da, que los límites existen y que van mas allá de las normas impuestas traspasando el camino hacia el respeto por sí mismo y por el otro, la voluntad y la autonomía. En definitiva si nos encontramos en un momento de tensión debemos pensar antes cual es la utilidad de la discusión, en que le aporta a mi hijo mi actitud y como puedo convertir las dificultades en oportunidades de cambio positivo y crecimiento personal.

Ahora bien, todo esto se alcanza únicamente a través del ejemplo, de la reflexión de nuestras propias actitudes frente a las circunstancias de la vida y del aprovechamiento de cada pequeño momento, convirtiéndolo en la lección más importante, aquella que siempre recordarán nuestros hijos. Así pues como padres nuestra misión es darle a nuestros hijos lo mejor de nosotros mismos y con ello proporcionarles las herramientas que aseguraran su felicidad. Es claro entonces que en la medida que vayamos creciendo en nuestro rol como padres creceremos también como personas por lo cual de manera casi segura terminaremos nosotros mismos andando por el camino de la felicidad.

Francy Milena Ladino

Psicóloga