El derecho de los niños a crecer en una familia

Por: Fundación CRAN y Fundación FANA

Ponencia elaborada por las fundaciones CRAN y FANA y presentada por María Cristina Buitrago Becerra, coordinadora misional de CRAN, en la audiencia pública “Los derechos de los niños, niñas y adolescentes, un compromiso de todos”, llevada a cabo el 13 de noviembre de 2015 en el Congreso de la República de Colombia.

Audiencia Congreso 1

Muy buenos días a todos, mi nombre es María Cristina Buitrago Becerra y agradecemos la invitación a este escenario. Hoy vengo a hablar en nombre de los niños, niñas y adolescentes que la vida nos ha permito conocer y reconocer en nuestras instituciones, contándoles sobre algunos actores y procesos que intervienen en la definición de su situación sociolegal.

Un actor fundamental e indispensable en el proceso administrativo de restablecimiento de derechos son los defensores de familia, ante los cuales los niños tienen palabras de reconocimiento y agradecimiento. Al preguntarles sobre los defensores de familia, se refieren a ellos “como los que nos ayudan a saber para dónde nos vamos a ir, los que hablan con nuestras familias para saber si hicieron las tareas o no, a las que les pedimos permisos para salir, entre otras”.

Sabemos de la labor que realizan por el bienestar de los niños, niñas y adolescentes que se encuentran bajo su responsabilidad y sabemos los retos que enfrentan, en algunos casos llegando a estar sus vidas en riesgo, porque muchas veces lograr que las familia de los niños reconozcan que no han cuidado a sus hijos como ellos se lo merecen llevan a reacciones bastante complejas de manejar. Asimismo, se enfrentan a demandas, recursos de reposición y apelación, a los cuales deben darles respuestas inmediatas, lo que afecta la agilidad y toma de decisión en los procesos.

De otra parte, uno de los temas de mayor preocupación con los niños que están en las instituciones es el tiempo de permanencia. La Ley 1098 del 2006 en el artículo 100, parágrafo segundo, establece que “en todo caso, la actuación administrativa deberá resolverse dentro de los cuatro meses siguientes a la fecha de la presentación de la solicitud o a la apertura oficiosa de la investigación, y el recurso de reposición que contra el fallo se presente deberá ser resuelto dentro de los diez días siguientes al vencimiento del término para interponerlo. Vencido el término para fallar o para resolver el recurso de reposición sin haberse emitido la decisión correspondiente, la autoridad administrativa perderá competencia para seguir conociendo del asunto y remitirá inmediatamente el expediente al Juez de Familia para que, de oficio, adelante la actuación o el proceso respectivo. Cuando el Juez reciba el expediente deberá informarlo a la Procuraduría General de la Nación para que se promueva la investigación disciplinaria a que haya lugar.

Excepcionalmente y por solicitud razonada del defensor, el comisario de familia o, en su caso, el inspector de policía, el director regional podrá ampliar el término para fallar la actuación administrativa hasta por dos meses más, contados a partir del vencimiento de los cuatro meses iniciales, sin que exista en ningún caso nueva prórroga”.

La realidad actual es que el tiempo de permanencia es de 2 años, desde la apertura del PARD hasta la definición de su proceso, de acuerdo con lo reportado en las estadísticas de la dirección de protección del ICBF con fecha al 23 de octubre de 2015, es decir 18 meses más que lo definido en el artículo 100.

Cuando los niños son institucionalizados o ingresan a un hogar sustituto para restablecer sus derechos, usualmente en el inicio se evidencia un impacto positivo en el desarrollo del niño puesto que se encuentra en un medio seguro, donde sus derechos se restablecen. Esta medida debe ser temporal ya que ellos necesitan crecer en el seno de una familia y ser protagonistas de ésta.

Los riesgos más frecuentes que pueden tener los niños que están institucionalizados son los siguientes:

– Compartir la atención de un adulto con muchos niños, impidiendo relaciones sólidas y prolongadas.

– Escasas figuras de apoyo emocional real que les ayuden a elaborar la pérdida en el proceso de duelo.

– Excesivos cambios en las figuras adultas que les cuidan (cambios de personal, turnos, cambios de hogares, etc.).

– Agresiones y presiones por grupos de iguales dentro de la institución.

– Adquisición de habilidades funcionales para vivir en la institución, pero inútiles cuando salen de ésta o cuando vuelven con sus familias.

– Escasa intimidad.

De acuerdo con autores como Boris Cyrulnik y Gregory Keck, cuando los niños no cuentan con una figura estable de apego para establecer relaciones afectuosas que los apoyen emocionalmente, el niño tendrá dificultades en el desarrollo emocional, físico y cognoscitivo. A medida que el tiempo de estadía se prolonga se intensifica el impacto que tiene la institucionalización en su desarrollo integral. El mayor impacto se evidencia en el desarrollo del lenguaje, el desarrollo cognoscitivo, el desarrollo socio afectivo y en algunos casos en el desarrollo físico.

Al quitarles la oportunidad a los niños de vivir en el seno de una familia, ellos viven sin la noción de pertenecer, de tener una situación estable y una visión de futuro. El impacto a nivel neurológico es evidente en anormalidades del cerebro y desregulación de la hormona del estrés; tienen dificultades para formar apegos seguros, pocas habilidades sociales y poca autoeficacia. Estos niños pueden tener un coeficiente intelectual más bajo y problemas de aprendizaje que impactan negativamente su escolarización; corren el riesgo de tener comportamientos destructivos como el uso de sustancias, la promiscuidad, entre otros.

La evidencia nos muestra que en algunos casos los adolescentes que han crecido institucionalizados continúan el ciclo del maltrato entrando a la paternidad o maternidad a una edad joven y repitiendo los patrones que vivieron cuando eran pequeños.

Es por estas razones que la institucionalización debe ser una medida temporal para estabilizar la situación del niño y resolver si cuenta o no con familia garante de derechos.

Para los niños, la incertidumbre en la definición de su proceso los lleva a tener muchos interrogantes, como “¿cuánto tiempo voy a durar acá?, ¿voy a estar otra Navidad acá?, ¿mis papás sí están cumpliendo con las tareas?”. O “yo quiero estar con una familia, por favor ayúdame a que los papeles salgan rápido”. Ante esto, en muchas oportunidades, no tenemos respuestas.

Los defensores y las personas que estamos en las instituciones recordamos a muchos niños, pero algo en lo que coincidimos es que efectivamente tenemos más presentes a aquellos a los que el sistema vulneró sus derechos, para los que pasa el tiempo y no hay una definición oportuna. Los niños pierden oportunidades de vivir la experiencia de ser precisamente niños y de ser protagonistas en un núcleo familiar, donde los adultos asuman un rol de cuidado, donde “estén todo el tiempo en el corazón y mente de sus familias”.

Es por esto que sugerimos que se logré el cumplimiento en la definición de los tiempos del proceso, para que los niños cuenten con una familia garante y se cumplan el mandato del interés superior de los niños y el imperativo que obliga a todas las personas a garantizar la satisfacción integral y simultánea de sus derechos humanos, que son universales, prevalentes e interdependientes.

Muchas gracias.