El adulto en la formación del ciudadano

 En la niñez es donde todo comienza, los sueños empiezan a ser creados, las palabras comienzan a ser aprendidas, los primeros y decisivos pasos son dados y además se empiezan a enseñar los valores a los niños. 

Ahora, en promedio a los siete años de edad es cuando una persona comienza a desarrollarse como individuo, a desarrollar su personalidad, sus relaciones humanas y habilidades de convivencia generales. En esta edad el papel de un adulto es extremamente importante porque para un niño la figura de una persona mayor es el ejemplo que formará un ideal para la vida adulta del niño.

Los adultos, a diferencia de los niños ya han vivido muchas cosas buenas y malas, las cuales dejaron marcas y forjaron su carácter,  esos cambios no siempre son buenos, algunos son la reacción ante una situación adversa que los obligó a protegerse y posiblemente los obligó a desarrollar actitudes algo más estrictas de lo necesario para prevenir que algo malo pudiese ocurrir en el futuro.

Pero, cuando un niño ve a un adulto realizar una acción éticamente condenable, no puede distinguir entre lo correcto y lo incorrecto e imita cualquier acción que ve de aquella figura paterna. Además, ¿qué es correcto o errado en la niñez? los niños no nacen sabiendo los conceptos que la sociedad nos muestra como correctos e incorrectos, así que le toca aprender todo lo que a nosotros, los adultos, nos parece obvio y claro por la educación que recibimos.

De modo de que para un niño lo correcto es lo que le enseñan y lo que ve, ahora, en cuanto a educación no podemos limitarnos solo a lo que se dice o enseña en las escuelas, pues en la niñez todo se aprende, principalmente el comportamiento de los adultos  y en especial el de las figuras paternas marca mucho a los niños. Por este motivo debemos tener en cuenta cuan  importante y determinante es la actitud de los adultos frente a un niño.

El adulto no tiene el derecho de romper con la expectativa de un mundo mejor creado por niños más puros que viven una hermosa niñez y que sueñan con hacer sus fantasías realidad. A su vez, los mayores tienen el papel de alimentar la esperanza de los niños y de ayudar a que los sueños de estos se puedan realizar, sin mencionar que deben explicar que no es necesario “endurecerse” con los baches de la vida, para que ellos puedan creer en un mundo mejor y busquen el cambio en las cosas más simples, que son olvidadas y menospreciadas por los adultos.

 

 

 

 

 

 

POR :  Marina Xavier Carpena – Voluntaria AIESEC  ( Brasil)